Nunca te olvides de ti. Nunca permitas que las circunstancias en las que te dejas arrastrar provoquen que dejes de sentirte orgulloso de la única persona por la que deberías sentir amor incondicional: tú. Sé coherente con tus valores, con tus principios, con tus deseos. Con todo aquello que en algún momento de tu vida has creído que era por lo que tú estabas en ella. No malgastes ni un segundo regalándole tu potencial a quien creas que lo va a desperdiciar. Si tú vales más que todo esto, cambia de comprador, pero nunca rebajes tu precio. Que cada noche puedas irte a dormir con la mínima sensación de que aquello que has hecho ha mejorado, de algún modo, la parcelita de sociedad que te corresponde desde el corazón. Así que por favor, no te vendas. A ningún precio. Hay inversiones cuyos riesgos es mejor no asumir. Y si tú no te lo crees suficiente, cuéntaselo al que nunca se hubiera olvidado de ti: el niño que fuiste. Porque el mundo, lo creas o no, te necesita.
-Noemí Carnicero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario