domingo, 14 de octubre de 2018

A los ojos

Para un segundo , para, puede que tengas un día jodido, no te preocupes, solo dura veinticuatro horas y si le restas las que duermes son menos. Puede que tengas un problema de escala tres o escala nueve sobre diez. No importa hazme caso, date un capricho, bébete un vino o cómprate algo bonito, sí, en esta sociedad consumista de vez en cuando tampoco pasa nada por ser parte del problema; de hecho a veces es necesario. Sonríe a un desconocido por la calle, reparte besos sin motivos, sola o acompañada, mira al sol un momento aunque luego veas manchas un ratito, señal de que tus ojos funcionan. Cuando se te pase, céntrate en mirar y analizar. Y vas a empezar a descubrir que puede que la magia exista. Que putada lo de las miradas. Hay ojos que guardan historias que ni la Reserva Federal podrían custodiar mejor. Hay algunos que encierran tragicomedias de Oscar, los que te invitan a pasar con la puerta entreabierta y dentro no tienen ni techo, pero te da igual, porque ni aunque llueva a raudales te saldrías de ellos. Los hay que recuerdan a los siete mares, ya sea por el color o por la profundidad de quien mira. Están los que te gratinan, los que te dejan como el queso de una pizza, esos que no puedes dejar de mirar porque tienen algo hipnótico. Los que miran de reojo, como si un tornado te rozara y la piel se te pusiese como el cuero sin tratar. Y después de todos esos, y de muchos que me dejaré por el camino, después de todos los que se pueden clasificar, están los suyos.
Los que no sabes si observan, miran, contemplan o divisan. Los que hacen que cuando se quite la ropa en frente de tí, no puedas parar de mirarlos. Los que asustan y estremecen, los llenos de incertidumbres porque los ves a través de fotos, los que guardan psicodelia, serenidad y nervio. Los que prometen sin pestañear, esos en los que cogió a Dios inspirado para pelfilarlos de un soplo. Ella los tiene, lo he visto, sabe que no tiene que impresionar a nadie porque la vida ya se impresiona por su forma de ver las cosas. Aquellos que dices, ``no voy a meterme en su perfil nunca más´´ y sin darte cuenta, tu pulgar se muere por darle a ``me gusta´´ en cualquier red social; los que hacen que te muerdas el labio mientras los miras por muchos kilómetros, yardas o distancia que te separen. Los que provocan que tu corazón bombee más rápido sin motivo aparente. Sabes de que te hablo, a los que acompañan esa sonrisa tan bonita que hace que el reloj se te pare, y no sea por falta de pilas o cuerda. Los que siempre serán tu debilidad, esa debilidad que te hace invencible...
Francisco Bonilla Lozano

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